¿Puede una sociedad tener homeostasis?
Regulación, estabilidad y adaptación en una sociedad gobernada por datos y algoritmos.
Las sociedades detectan problemas, comparan resultados e intentan corregir desviaciones. Pero ¿puede llamarse homeostasis a este proceso? La respuesta exige distinguir entre estabilidad, adaptación, poder y regulación centrada en la persona.
¿Puede una sociedad regularse como un organismo?
La homeostasis es uno de los principios fundamentales de la fisiología. Describe la capacidad de los organismos para conservar determinadas variables dentro de intervalos compatibles con la vida, incluso cuando cambian las condiciones internas o externas. La temperatura corporal, la presión arterial, el pH y la concentración de glucosa no permanecen constantes por casualidad. Su estabilidad relativa es el resultado de sensores, señales, centros de integración, efectores y circuitos de retroalimentación.Las sociedades también observan su funcionamiento, producen indicadores, detectan problemas y generan respuestas. Sin embargo, una sociedad no es un organismo ampliado ni sus ciudadanos son células intercambiables de un cuerpo colectivo.
Una sociedad no posee homeostasis en sentido fisiológico estricto. No obstante, desarrolla mecanismos de observación, retroalimentación, corrección, anticipación y aprendizaje que cumplen funciones reguladoras. El problema decisivo no consiste únicamente en determinar cómo se regula una sociedad. También debemos preguntar quién define las variables que deben mantenerse, cuáles son sus valores deseables y qué personas soportan el costo de esa estabilidad.
De la regulación fisiológica a la regulación social
Toda regulación necesita, como mínimo, una variable relevante, un valor de referencia,
mecanismos para detectar cambios y capacidad para producir una respuesta. En una sociedad,
estos componentes no son exclusivamente técnicos: expresan decisiones políticas,
económicas, culturales y morales.
| Regulación fisiológica | Posible equivalente social |
|---|---|
| Variable regulada | Salud, empleo, seguridad, inflación o educación |
| Sensor | Estadísticas, vigilancia epidemiológica, encuestas y plataformas digitales |
| Centro integrador | Instituciones, gobiernos, organizaciones y sistemas algorítmicos |
| Efector | Políticas públicas, servicios, normas, restricciones e incentivos |
| Retroalimentación | Resultados, indicadores, evaluación y participación ciudadana |
| Valor de referencia | Objetivo social definido como aceptable o deseable |
| Perturbación | Epidemia, crisis económica, migración, conflicto o desinformación |
| Costo regulador | Recursos, restricciones, desigualdad o pérdida de autonomía |
Esta comparación señala semejanzas funcionales, pero no establece una identidad entre
el organismo y la sociedad. Las sociedades carecen de un centro integrador único, de
límites completamente definidos y de un consenso permanente sobre los valores que deben
preservar.
Tesis central Las sociedades poseen mecanismos reguladores, pero su funcionamiento no puede explicarse únicamente mediante la homeostasis. También requiere conceptos como adaptación, alostasis, aprendizaje, conflicto, poder y deliberación.
La homeostasis no significa inmovilidad
En fisiología, la homeostasis no representa un estado estático. Es una
estabilidad dinámica producida por múltiples mecanismos que responden
continuamente a las perturbaciones.
Cuando una variable se desvía, el sistema detecta el cambio y activa respuestas que
reducen la diferencia. La regulación biológica también puede incorporar amortiguación,
coordinación entre subsistemas y respuestas anticipatorias basadas en la experiencia.
Una sociedad estable no es aquella que nunca cambia, sino aquella que puede absorber perturbaciones, corregir errores y reorganizarse sin destruir las condiciones que hacen posible la vida colectiva. En consecuencia, estabilidad y transformación no son necesariamente opuestas. Un sistema puede conservar su viabilidad precisamente porque tiene capacidad para modificar su organización y aprender.
Esta interpretación coincide con una comprensión contemporánea de la regulación
fisiológica como un proceso dinámico y multiescalar, no como la conservación rígida de
valores invariables
(Goldstein, 2019).
¿Quién define los valores de referencia?
Aquí aparece la principal diferencia respecto de un organismo. La temperatura corporal
puede regularse alrededor de un intervalo funcional. En una sociedad, en cambio, no
existe un acuerdo automático sobre el nivel adecuado de seguridad, libertad, igualdad,
crecimiento económico, gasto sanitario o vigilancia.
Los valores de referencia sociales:
- son definidos por instituciones y grupos humanos;
- dependen de contextos históricos y culturales;
- expresan relaciones de poder;
- pueden beneficiar a unos grupos y perjudicar a otros;
- deben permanecer abiertos a deliberación y revisión.
Una sociedad puede parecer estable porque corrigió una perturbación, pero también porque silenció el indicador, excluyó a quienes sufrían sus efectos o normalizó una desigualdad. La cibernética explicó cómo la información y la retroalimentación permiten regular un sistema. Sin embargo, reconocer la existencia de un circuito de control no resuelve la pregunta normativa: ¿qué debe estabilizarse y para beneficio de quién?
La estabilidad también puede ser patológica
No toda estabilidad es saludable. Un organismo puede conservar temporalmente una variable
a costa de un enorme esfuerzo regulador. De manera semejante, una sociedad puede mantener
su funcionamiento aparente mediante:
- sobrecarga de los sistemas sanitarios;
- precarización del trabajo;
- concentración de recursos;
- vigilancia permanente;
- exclusión de grupos vulnerables;
- transferencia del riesgo hacia individuos y comunidades.
Se trataría de una estabilidad con costo acumulativo: el sistema continúa
funcionando, pero consume progresivamente su capacidad de adaptación.
El concepto de alostasis ayuda a comprender esta situación. En biología, la alostasis
describe ajustes que permiten responder a demandas presentes o anticipadas. Cuando esas
demandas son repetidas o persistentes, el costo acumulado puede convertirse en carga
alostática
(Ramsay y Woods, 2014).
Una distinción necesaria La capacidad de un sistema para conservar su funcionamiento no demuestra que sea justo, saludable o sostenible. Una regulación eficaz puede mantener una estructura que distribuye de manera desigual sus beneficios y sus costos.
La inteligencia artificial transforma el circuito regulador
Hasta hace poco, las instituciones analizaban muchos problemas después de que aparecían.
La inteligencia artificial introduce nuevas capacidades:
- observación continua;
- integración masiva de datos;
- reconocimiento de patrones;
- predicción de riesgos;
- clasificación automática;
- recomendación de intervenciones;
- modificación del comportamiento en tiempo real.
La IA puede dejar de ser una herramienta pasiva y convertirse en parte del mecanismo que
observa, interpreta, anticipa y modifica el funcionamiento social.
Datos sobre la sociedad → Interpretación humana y algorítmica → Definición de desviaciones → Decisiones e intervenciones
Las consecuencias producen nuevos datos y vuelven a alimentar el circuito.
Cuando un algoritmo participa en la selección de las variables, los umbrales de normalidad y las respuestas consideradas apropiadas, no está solamente procesando información: está interviniendo en la regulación social.
En cada etapa aparecen preguntas humanas que no pueden resolverse solamente con tecnología:
- ¿Qué datos se recogen y cuáles quedan excluidos?
- ¿Qué situaciones se clasifican como anormales?
- ¿Quién establece los valores de referencia?
- ¿Quién tiene autoridad para intervenir?
- ¿Cómo se distribuyen los beneficios, riesgos y costos?
- ¿Puede una persona cuestionar o apelar una decisión?
- ¿Qué dimensiones humanas permanecen invisibles para el sistema?
Regulación centrada en la persona Una regulación social centrada en la persona no debe limitarse a corregir desviaciones estadísticas. Debe preservar la posibilidad de que cada ser humano sea comprendido como alguien singular, participe en las decisiones que lo afectan y no sea reducido a una categoría calculada.
Implicaciones para la medicina
La medicina constituye un espacio privilegiado para observar estos problemas. Los sistemas
sanitarios regulan simultáneamente variables biológicas individuales, riesgos poblacionales,
distribución de recursos, acceso a tratamientos, comportamiento profesional y costos
institucionales.
La IA puede mejorar esa regulación al detectar deterioros tempranos, anticipar demandas o
personalizar intervenciones. Pero también puede imponer una normalidad estadística sobre
personas cuya situación no encaja en los patrones predominantes.
Práctica médica
- Identificar qué variable intenta regular el algoritmo.
- Conocer la población utilizada como referencia.
- Valorar errores, incertidumbre y contexto.
- Reconocer lo que no fue medido.
Educación médica
- Fisiología de la regulación.
- Pensamiento sistémico.
- Interpretación crítica de datos.
- Sesgos algorítmicos y ética de la decisión.
Sociedad
- Supervisión humana.
- Transparencia y trazabilidad.
- Mecanismos de apelación.
- Evaluación continua de consecuencias.
La Recomendación de la UNESCO sobre la ética de la inteligencia artificial sitúa la dignidad, los derechos humanos, la equidad y la supervisión humana entre los principios que deben orientar estos sistemas.
La pregunta no es solamente cómo conservar la estabilidad
Una sociedad no es un organismo y sus ciudadanos no son componentes intercambiables de
una maquinaria colectiva. Sin embargo, las sociedades observan, comparan, responden,
aprenden y anticipan. En ese sentido, poseen mecanismos reguladores que pueden analizarse
mediante conceptos procedentes de la fisiología, la teoría de sistemas y la cibernética.
Pero la pregunta verdaderamente importante no es si una sociedad puede mantener su
estabilidad. Es qué estabilidad busca, quién establece sus valores de referencia
y cuánto costo humano está dispuesta a aceptar para conservarla.
La inteligencia artificial amplía extraordinariamente la capacidad de observar, predecir
e intervenir. Por eso, su incorporación a la vida social no representa únicamente una
innovación tecnológica: significa la aparición de un nuevo participante en los circuitos
mediante los cuales la sociedad se interpreta y se regula.
Si esos circuitos deben permanecer centrados en la persona, no basta con hacerlos más
rápidos o eficientes. También debemos decidir qué valores deben defender.
